RELACIONES INTERNACIONALES Y COMUNICACIÓN PARA AMÉRICA LATINA

Wikileaks y la crisis de la diplomacia tradicional

In Diplomacia, Política Internacional on marzo 16, 2011 at 18:26

Las revelaciones de más 250 mil cables secretos por parte del sitio WikiLeaks han puesto a la comunidad internacional, a la diplomacia, al periodismo, y sobre todo al gobierno de los Estados Unidos en un estado de intenso debate. Aún es imposible predecir cuáles serán los efectos profundos de dicha acción. “Demasiada diplomacia es mantenida en secreto”, sentenció Carne Ross, un conocido analista y ex diplomático británico, quién cree que el hecho tendrá un profundo efecto en el discurso y la práctica de la diplomacia.

Ahora el efecto Wikileaks, es el más reciente de las sucesivas revoluciones en las comunicaciones ocurridas en los pasados 40 años y que han tenido consecuencias en el quehacer diplomático. En los años 70 surgió la llamada diplomacia del jet (Shuttle Diplomacy), interpretada como el inicio de la declinación de la acción diplomática tradicional a través de Embajadas y Representaciones Permanentes.  En los años 80,  el surgimiento de la CNN que fue evaluada como la sustitución del papel de informador y analista de los diplomáticos. Y finalmente en los años 90, Internet, que representa para algunos académicos la estocada final del proceso de declinación de la diplomacia tradicional.

En efecto, la revolución tecnológica está trayendo cambios trascendentales en la manera de operar de la diplomacia. Mientras el monopolio de la información constituía el principio rector de su actuación como brazo del Estado más allá de su territorio, hoy en día una complejísima y abigarrada red de conexiones comunica a los individuos, las organizaciones e incluso a los gobiernos al margen de los canales formales de las Cancillerías.

Por otro lado, del análisis del contenido de los cables, más allá de lo anecdótico, lo que evidencia es el extremo aislamiento en el que viven muchos de los diplomáticos de todo el mundo. Embajadores y funcionarios circulan por corredores cada vez más estrechos, leyendo de reojo las tapas de los diarios y reproduciendo las impresiones de unos pocos contactos acostumbrados a decirles a los diplomáticos aquello que quieren oír. Como dice Umberto Eco en un reciente artículo sobre este asunto “En otros tiempos, la prensa intentaba comprender lo que se tramaba en secreto en las embajadas. Hoy, son las embajadas las que piden informaciones confidenciales a la prensa”.

Está cada vez más claro que las embajadas apenas pueden competir en velocidad conla prensa. Es más, en la era del internet, de la sobreabundancia de fuentes de información, pocos hechos se pueden mantener ocultos. El verdadero problema es gestionar una avalancha de datos que desborda a quien tiene que tomar decisiones. Cuarenta años atrás los informes de los diplomáticos de EE.UU. eran el único medio fiable que Washington tenía para entender lo que estaba sucediendo en el mundo. Hoy en día, según datos del propio Departamento de Estado, los diplomáticos estadounidenses inundan Washington con 22,5 millones de cables y 1500 millones de mensajes de correo electrónico al año. No hay organización que pueda lidiar con esto.

Las modernas tecnologías de comunicación e información han tornado superflua la función informativa de las embajadas. No tiene sentido, por economía y por eficiencia, dar instrucciones a una embajada para que envíe información, cualquiera sea ésta. Cualquier información, con las actuales herramientas tecnológicas e informativas, puede gestionarse desde cualquier parte del globo.  La misión de observación e información de lo que acontece en el extranjero está dejando paso, en gran medida, a otra cualitativamente diferente: la de transmisión de conocimiento, entendido como análisis de la información y no como mero transvase de datos.

Un papel clave de los Ministerios de Relaciones Exteriores, y de los diplomáticos en general, debe ser el del análisis político de largo plazo, un papel que aún no han logrado asumir.  En gran parte porque esa función se ha visto desplazada por efecto de una variedad de intrascendentes demandas administrativas. Nos hay estadísticas claras al respecto pero varios diplomáticos arriesgan que forman el 50% o más de la comunicación interna. Por lo tanto las embajadas tienden a dedicar demasiado tiempo a las cuestiones administrativas y a hablar con otros diplomáticos. Por otro lado la estructura jerárquica y rígida de las Cancillerías desalienta el pensamiento creativo y la innovación, solo en muy pocos casos los diplomáticos se atreven a hacer recomendaciones políticas,  las cuales son ignoradas la mayoría de las veces, o en el mejor de los casos se pierden en la maraña de la sobre información.

WikiLeaks nos ha permitido asomarnos fugazmente a un mundo desconocido. El dilema es si esa ventana desencadenará cambios profundos y necesarios en el funcionamiento de la  diplomacia, o si volverá a cerrarse ahora de modo todavía más hermético.

Por Carlos Soukiassian, polítólogo de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y ex director de Relaciones Internacionales de la Ciudad de Buenos Aires.

 

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